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lunes, 27 de julio de 2009

Recién asomando la cabeza

Han sido días intensos en Santa Laura. Con una de dulce (ganando a Cobresal) y una de agraz (cayendo frente a Everton), pero sobre todo con la sensación de que todavía no nos sacudimos del cierrre amargo del Apertura , con la certeza de que todavía no nos terminamos de armar para el Clausura y la Sudamericana.
Para nadie, creo yo, han sido un delite de buen fútbol los dos últimos duelos en el fortín. De hecho, varios en la tribuna parecen haber perdido toda la paciencia que se requiere en un inicio de campeonato y, más aun, la memoria de lo hecho por el equipo hasta hace apenas algunas semanas atrás.
Yo tengo mis aprensiones, por cierto. Temo, como algunos amigos, que nuestro juego se haya hecho predecible. Temo que el desgaste del Apertura nos pase la cuenta. Temo que sin los que están lesionados y sin poder disponer aún de los refuerzos, seamos presa fácil de otros equipos que se han reforzado hasta los dientes. Temo que nuestra opción de jugar siempre al ataque nos termine pasando la cuenta frente a equipos que apuesten al contragolpe o al choque. Temo que los que llegan no den el ancho o que no alcancemos a ponerlos a punto para los juegos decisivos de la Sudamericana. Temo, como seguramente pueden temer muchos más, que después del libreto casi perfecto que nos tocó interpretar en la primera parte del año, este semestre nos depare un papel un poco más sufrido.
Sin embargo, quiero ver el vaso medio lleno y no medio vacío. Quiero deshacerme de tanta mala vibra y pensar simplemente que estamos recalibrando la máquina, que estamos recién saliendo del duelo del haber perdido la final del Apertura, que estamos incluso cauidando el pellejo en estos primeras fechas del Clausura a la espera del debut en la Sudamericana. Reconozcan que no es descabellado. Y no quiere decir que no hayamos jugado muy por debajo de lo que estábamos acostumbrados. Pero parecieran haber buenas razones.
Puedo entender incluso que algunos guarden algo de rabia después de los partidos finales del torneo pasado, que le enrostren a Ramírez sus bajas presentaciones ante la UC y la U, que reclamen de Aravena un mejor finiquito, que extrañen al "Pipa" Estévez que taladraba defensas, etc., etc., etc. Pero creo que hay que mantener la calma y el respeto por el equipo.
¿Qué tal si le ponemos energía a lo que nos viene? Total, seguimos teniendo mucho que ganar y muy poco por perder.

lunes, 20 de julio de 2009

El feliz eterno retorno

No les decía yo que , a pesar de la poca rigurosidad científica, aquello de que "las penas del fútbol se pasan con fútbol" es una gran verdad. Yo estoy ahora celebrando el triunfo en Concepción frente a Huachipato con equipo cargado de juveniles. Estoy tirando líneas respecto del futuro que pueden tener Bustos, Aretxabala o Gattas. Estoy planificando ya dónde veré el partido de Unión con La Equidad el 5 de agosto y sobándome las manos por que llegue ya el 25 de agosto para estar en Santa Laura para la revancha. Estoy alistantdo el canzoncillo largo para este jueves en la noche ir al fortín de Independencia a ver el duelo contra Everton y al mismo tiempo junto ganas para estar nuevamente allí el domingo, con una mechada palta en la mano, para el partido con el desesperado Cobresal.
De vuelta ya en una competencia por los puntos, con una nueva meta en el horizonte y una nueva ilusión en el corazón, las penas de una final perdida se van esfumando rápidamente. Al calor de los nombres y hombres que se suman o restan a la plantilla, uno comienza a pensar más en el futuro que en el pasado. Y no es necesario caer en delirios de pretemporada con nombres dignos de fanfarria, sino que basta con preguntarse cuánto podrá rendir Rubio en el esquema rojo (confieso que nunca ha sido santo de mi devoción) o cuál será el aporte de Masiero.
Volver al fútbol nuestro de cada día lo pone a uno a ver los resultados de la fecha con actitud casi morbosa: deseando la caída de los rivales más directos, empujando a los más débiles para que jueguen el partido de su vida antes los que podrían pelearnos un puesto, aplaudiendo goles que nos ayudan y sufriendo con los resultados que nos ponen piedras en el camino.
Puesto ya en la senda de un nuevo torneo, uno se viste de fanático nuevamente, estrujando hasta el último minuto la señal del CDF, escuchando con renovado afán Al Aire Libre de Cooperativa y conectándose nuevamente con los amigos bloggeros de siempre: con Tataroman en unionespanola10.blogspot.com; con Ignacio en uespanola.com y con el querido Quijote en hidalgodeportivo.blogspot.com.
¡Ah! Es como estar nuevamente en el vientre materno.

jueves, 9 de julio de 2009

De la pena a la ilusión

Ya. Después de varias horas pasando lo más amargo de este trago, me he decidido a escribir. Sigo arrastrando la pena que se me metió en la guata desde el momento mismo del gol de Olivera. No tengo rabia, no tengo mala onda con la U, tengo pena. Pura pena. De esa que los viejos de la tribu y los físicos teóricos coinciden en aclarar que sólo se pasa con más fútbol.
Ando arrastrando, todavía, la pena de no haber podido quedarnos con una de las estrellas más perfectas de nuestra historia. Pero ya se me va a pasar, porque es una pena que se puede abrigar en la convicción de haber hecho una gran campaña y de haber merecido mucho más; una pena que se arropa en el orgullo de haber defendido, contra todo, nuestra dignidad deportiva y nuestro derecho a ser locales en nuestra casa de siempre, en Santa Laura; una pena que se acurruca en el deber (de hincha) de empezar a preocuparse de inmediato por los refuerzos, por los nuevos proyectos en Santa Laura, por la futura ciudad deportiva; una pena que se retaca ante la innegable realidad de que en pocos días comienza una nueva oportunidad de ir por la corona, aunque sepamos que siempre, al final del camino, está el peligro de terminar como Sísifo.
Se me va a pasar, lo sé, porque es una pena que se contiene en la certeza de que hay una copa internacional por delante y que vamos a ir a la pelea por ella; una pena que se arrulla en el cariño sincero de los amigos que querían ver a Unión campeón, y no sólo porque no quisieran a la U en ese sitial, sino porque Unión es un equipo entrañable, más aún cuando juega como lo ha hecho este año.
Yo sé que cuando haya que volver a Santa Laura para ver al equipo en el torneo nacional o en la Sudamericana la pena va a ir desapareciendo al calor reconfortante de saber que, como ya lo dije alguna vez, la Unión Española es de esos clubes que defienden convicciones, que respetan su filosofía hasta que duela y que enfrentan la vida y el fútbol con la elegancia debida de las buenas personas. Se que la pena va a ir mermando al abrigo de saber que Unión es de esos clubes que saben que la justicia deportiva se sienta pocas veces a tu mesa, pero que no están dispuestos a vender el alma para conseguirlo.
Yo sé que, como a mí, probablemente a muchos hinchas se le siguen viniendo a la cabeza tantas imágenes, tantas preguntas. ¿Qué hubiera pasado con Aceval en cancha en los play offs (sin que ello signifique que Ampuero jugara mal)? ¿Cómo habríamos andado con Manolito como opción en delantera? ¿Qué hubiera pasado si Canales no se opera y si Leal no termina tan herido esta primera parte del año? Es lógico, pero el hecho de no tener respuestas certeras simplemente ahonda la pena.
Insisto. Sé que la pena se va a ir mudando en alegría en la medida que pasen los partidos, porque van a cambiar las preguntas, porque se van a venir nuevos retos y sobre todo nuevas ilusiones.
Eso es. Sé muy bien que la pena va ir desvaneciéndose con los días, porque Unión ha demostrado que, a pesar de las caídas y de haber estado al borde del abismo, es posible volver a ponerse en pie, volver a creer, volver a soñar, volver a ilusionarse.

domingo, 5 de julio de 2009

¡Vamos, Unión!

Si alguien pensó que iba a ser una primera final fácil, estaba equivocado. Se entiende ahora por qué tanto interés en asistir al partido en Santa Laura, ¿cierto? Claro, esa será la verdadera final.
El del sábado en el Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos fue un buen aperitivo: tenso, duro, luchado, apretado. Qué menos se podía esperar. Al fin y al cabo, son los dos mejores equipos del torneo regular los que se enfrentan y eso se nota en la cancha.
Pero la verdad se vive el martes, desde las 19 horas, en Santa Laura, y no creo que valga la pena siquiera sacar demasiadas cuentas o suponer ventajas para nadie. Lo que sí confieso es que no me he sacado la camiseta roja en todo el fin de semana y que el martes yo y mi parka amarilla cabalera estaremos desde temprano en el fortín.

¿David contra Goliat?
Me niego a pintar el duelo entre Unión y la U con la metáfora de la batalla entre David y Goliat. Me niego, porque la única razón que explica una comparación como esa es el hecho (verdadero, por cierto) de que los hinchas azules sean muchos más que los rojos, pero como quedó muy claro el sábado, lo que ocurre en una cancha de fútbol no tiene nada que ver con eso.
Para quienes se toman estas cosas como una guerra medieval, claro, debe ser importante quién vocifera más fuerte, quién levanta más polvo, pero como esto no es una guerra ni mucho menos, da realmente lo mismo. Y aunque es cierto que el aliento desde las gradas puede levantar los ánimos y dar empujoncitos a los jugadores propios, también ocurre no pocas veces que el rugido de las hinchadas puede tener el mismo o mayor efecto en los rivales. ¿O no muchachos?
Por eso, yo espero ver el martes un Santa Laura teñido de rojo no porque crea que debemos demostrarle algo a los azules o porque suponga que sus jugadores se van a intimidar o porque crea en las masas o en las hordas. Lo quiero ver rojo, porque es lo que se merecen los nuestros, porque es la ocasión para reunirnos, porque es de justicia para con una campaña espléndida, porque nos merecemos celebrar y abrazarnos en nuestra casa, sea que nos quedemos o no con la copa de campeón.
Quiero que Santa Laura se tiña de rojo, porque sé que eso significará que han vuelto a su casa miles de hinchas que ni siquiera llegaron con la Unión en el tope de la tabla. Quiero el Santa Laura en tono rojo porque estoy seguro de que la lucha por jugar en nuestra cancha vale la pena, porque estoy seguro de que la única manera de sacar a los indeseables de los estadios es llegando nosotros primero a ocupar nuestros asientos.

La valeidosa prensa
Sabemos que fue la prensa la que se engolosinó con la idea de que Unión Española era "el Barcelona de Chile". Por ello sorprende que caigan en su propia trampa ahora que el equipo se ha encontrado con los escollos más duros del torneo y no ha podido mostrar el juego exquisito que consiguió en algunos partidos.
Nadie pretendería escuchar comentarios que hablen de una Unión que deslumbra con un juego mágico, pero tampoco es justo que se caiga en los argumentos falaces -como los de Markarián- en la tónica de que los hispanos jugaron poco menos que a la defensiva, mezquinamente, "ratoneando".
¿No hay ningún periodista capaz de entender y transmitir que el juego de Unión, que el esquema abierto de los hispanos es precisamente la clave que explica por qué los equipos rivales de mayor nivel llegan a inquietar el arco de Limenza mucho más a menudo que los de mitad de tabla hacia abajo?
¿No hay algún experto capaz de enfrentarse a Don Marka o al Fantasma o al que sea, diciendo que es muy distinto un equipo que cuando pierde la pelota marca en bloque pero en zona (dejando venir al rival) y se las arregla para salir jugando siempre con tres o cuatro en ataque, que un equipo que se cuelga del travesaño con nueve jugadores que no pasan nunca la mitad de la cancha?
Bueno, qué más da. Así no más es. El juego de Unión es tan enfocado en el arco rival, que prefiere dejar la puerta de la cocina abierta antes que renunciar a la posibilidad de ganar.
Yo soy de los que ha aplaudido esa actitud todo el año y lo sigo haciendo. Y lo haré incluso si no nos quedamos con la corona del Apertura, porque estoy seguro que es la manera más hermosa de hacer y ver fútbol, y porque estoy muy seguro también (a diferencia del majadero de Toño Prieto) de que eso no tiene nada que ver con no saber defender con dientes apretados cuando es necesario.
¡Vamos, Unión!

viernes, 3 de julio de 2009

El derecho de jugar en casa

Como hincha de Unión Española apoyo plenamente las decisiones del club de jugar en nuestro estadio y las medidas que definen un cupo restringido para los hinchas visitantes y protegen la seguridad del espectáculo.

1. Por reglamento, la final de campeonato se divide en dos. De la primera es dueña la U. de Chile y de la segunda, Unión Española. Cada cual tiene el derecho de jugar ese partido en su estadio y ante su gente.
Es cierto que la hinchada de la U es más numerosa (y digamos también que harto más problemática) que la de Unión, pero eso no significa que todos los demás equipos deban ajustarse a los intereses de la hinchada azul. Es falaz el argumento de los dirigentes de la U en cuanto a que para el segundo partido de la final se debiera buscar el estadio más grande que se pueda, lo que curiosamente coincide con el estadio en que regularmente juega la U. de Chile.
¿Ha reclamado alguna vez la U cuando en el Monumental se restringe a su hinchada en un espacio para sólo 5.000 personas? ¿No quedan acaso muchísimos “azules” sin ver el partido en vivo?

2. En todas partes del mundo, los equipos que juegan de visita se someten a esa circunstancia, porque eso, entre otras cosas, permite el fortalecimiento de todas las instituciones y no el monopolio de los más grandes.
Si, según los dirigentes de la U, incluso el Nacional se hace chico para recibir a todos los hinchas azules que quieren ver la final, ¿por qué no se consiguen el Maracaná para el sábado? ¿por qué no construyen su propio estadio con el aforo que les parezca justo para su hinchada?

3. Es inconcebible que la dirigencia de la U justifique la violencia y los desmanes de sus hinchas, los que pretendían comprar entradas que no les correspondían. Eso ha contribuido a que su hinchada no respete las reglas del juego, las reglas de la más básica convivencia: cuando yo voy de visita a una casa, respeto las normas de mis anfitriones. Si no me gustan, simplemente no voy.

4. Unión Española tiene todo el derecho de segregar a las hinchadas en su estadio, a regular la asistencia al espectáculo mediante el precio de las entradas, a impedir el acceso de hinchas a tribunas destinadas a adeptos del equipo rival, a desalojar a quienes no cumplan con esas mínimas normas de cortesía y a jugar sin público si fuera necesario, siempre en aras de defender la justicia deportiva y el derecho a ser local en nuestro estadio.
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