Ando arrastrando, todavía, la pena de no haber podido quedarnos con una de las estrellas más perfectas de nuestra historia. Pero ya se me va a pasar, porque es una pena que se puede abrigar en la convicción de haber hecho una gran campaña y de haber merecido mucho más; una pena que se arropa en el orgullo de haber defendido, contra todo, nuestra dignidad deportiva y nuestro derecho a ser locales en nuestra casa de siempre, en Santa Laura; una pena que se acurruca en el deber (de hincha) de empezar a preocuparse de inmediato por los refuerzos, por los nuevos proyectos en Santa Laura, por la futura ciudad deportiva; una pena que se retaca ante la innegable realidad de que en pocos días comienza una nueva oportunidad de ir por la corona, aunque sepamos que siempre, al final del camino, está el peligro de terminar como Sísifo.
Se me va a pasar, lo sé, porque es una pena que se contiene en la certeza de que hay una copa internacional por delante y que vamos a ir a la pelea por ella; una pena que se arrulla en el cariño sincero de los amigos que querían ver a Unión campeón, y no sólo porque no quisieran a la U en ese sitial, sino porque Unión es un equipo entrañable, más aún cuando juega como lo ha hecho este año.
Yo sé que cuando haya que volver a Santa Laura para ver al equipo en el torneo nacional o en la Sudamericana la pena va a ir desapareciendo al calor reconfortante de saber que, como ya lo dije alguna vez, la Unión Española es de esos clubes que defienden convicciones, que respetan su filosofía hasta que duela y que enfrentan la vida y el fútbol con la elegancia debida de las buenas personas. Se que la pena va a ir mermando al abrigo de saber que Unión es de esos clubes que saben que la justicia deportiva se sienta pocas veces a tu mesa, pero que no están dispuestos a vender el alma para conseguirlo.
Yo sé que, como a mí, probablemente a muchos hinchas se le siguen viniendo a la cabeza tantas imágenes, tantas preguntas. ¿Qué hubiera pasado con Aceval en cancha en los play offs (sin que ello signifique que Ampuero jugara mal)? ¿Cómo habríamos andado con Manolito como opción en delantera? ¿Qué hubiera pasado si Canales no se opera y si Leal no termina tan herido esta primera parte del año? Es lógico, pero el hecho de no tener respuestas certeras simplemente ahonda la pena.
Insisto. Sé que la pena se va a ir mudando en alegría en la medida que pasen los partidos, porque van a cambiar las preguntas, porque se van a venir nuevos retos y sobre todo nuevas ilusiones.
Eso es. Sé muy bien que la pena va ir desvaneciéndose con los días, porque Unión ha demostrado que, a pesar de las caídas y de haber estado al borde del abismo, es posible volver a ponerse en pie, volver a creer, volver a soñar, volver a ilusionarse.

