EL FÚTBOL A SOL Y SOMBRA

La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo del fin de siglo, el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable.

Eduardo Galeano

NINO LANDA QUE ESTÁS...

Lo de Nino fue un pacto de amor con la pelota de fútbol, un encantamiento sin dobleces. (...) Apenas acabó las humanidades lo llevaron a Unión Española con la certeza de que a Dios jamás se le ocurriría vetar esa decisión tan mundana como celestial. Nino no defraudó: ni A Dios ni a los curas ni a nadie.

Francisco Mouat

EL MAR INTERRUMPIDO

Escoger un equipo es una forma de decidir el destino. Hay estoicos que deben su temple a apoyar un club impredecible y masoquistas que se quejan de que los suyos no pierdan lo suficiente. La satisfacción de estar aquí tiene que ver con el club al que apoyo, con una pasión más literaria que futbolística.

Juan Villoro

Nos vemos en Santa Laura

Publicado por HUGO ARIAS V. | | 3 comentarios »

Creo que es hora de romper el silencio de tantas semanas.
Supongo que muchos habrán supuesto explicaciones plausibles para tan prolongada mudez. Seguramente han acertado.
Estoy escribiendo en el medio de un torbellino de pega que me tiene harto. Y esa es una de las razones para haber callado durante el último tiempo. Es una razón, pero es obvio que a ella se ha sumado la tambaleante campaña hispana del segundo semestre, la que he seguido religiosamente en Santa Laura, aunque en un rincón alejado de los gritos contra jugadores o técnico que me tenían un poco chato (bastante harto, la verdad).
Supongo que el silencio ya importa un mensaje lo suficientemente claro. O dicho de otro modo: si no tienes nada bueno que decir, siempre es mejor callar. Sin embargo, no quiero que las interpretaciones, siempre libres y siempre tan amarradas a quien recibe el mensaje, vayan más allá de lo necesario. No quiero, por ningún motivo, que se piense que ha decaído ni mi amor por Unión ni mi apoyo hacia el equipo, sea cual sea la situación en que se encuentre.
Quiero ponerlo bien claro justo en este momento, cuando el horizonte sigue pareciendo penumbroso, cuando todavía no termina de cerrar la herida del título que no fue en el Apertura, cuando las inseguridades son un fantasma que no quiere desaparecer. No quiero que se crea que estoy esperando algún triunfo estrepitoso para volver a sacar la voz.
No voy a hacer ningún análisis detallado de los puntos altos o flacos de Unión. No es mi intención abrir ahora un debate mediado por resultados imprevisibles, rendimientos ondulantes o razones inextricables. Sólo permítanme decir que, a pesar de todo, me gustó la Unión que vimos en Buenos Aires, y me gustó escuchar que don Luis Hernán se alejaba, aunque fuera una vez, del dogma y cambiaba su dibujo táctico en función de las piezas con las que realmente disponía para hacer frente al partido contra Vélez.
Dicho eso, quiero dejar muy claro que voy a estar nuevamente en Santa Laura este jueves (no sé todavía en qué rincón me voy a agazapar), porque Unión Española se merece eso y mucho más. Quiero refrendar que, incluso en la crítica, mi amor por Unión está por sobre cualquier cosa. Quiero aclarar que mi silencio ha sido más por respeto que por falta de cariño.
Debo ser de los cándidos que siguen yendo al fútbol en paz con el mundo, enarbolando la esperanza antes que la decepción prefabricada y la paciencia antes que la bronca. Pero bueno, así es cada uno. Quizás por eso mismo entiendo que la procesión siempre debe ir por dentro, que el silencio condolido es mejor que la puteada impía, pero sobre todo, que el lugar de un hincha es en el estadio, pase lo que pase, en las buenas y en las malas, y sobre todo en las malas.
Nos vemos en Santa Laura.

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He dejado pasar varias horas antes de escribir y les debo confesar que mi yo cínico y resultadista anda horondo celebrando el triunfo de anoche contra La Equidad y el paso a los octavos de final de la Copa Sudamericana. Esa parte de mí que sólo sabe de puntos y cálculos insiste en rebobinar la cinta del partido contra los colombianos y repasar una y otra vez esa joya de gol que nos puso en la próxima ronda de un torneo internacional por primera vez desde 1994. Insiste, además, en recordar que mantuvimos nuestro arco en cero, que los colombianos vinieron sólo a golpear y a chocar, que finalmente pasamos con un empate de visita y un triunfo en casa y que las arcas del club deben haber recibido una buena cifra de la Confederación Sudamericana por saltar la primera valla del torneo.
El hincha optimista que llevo dentro, por su parte, me restriega la idea de que queda casi un mes para el duelo con los argentinos y hace pronósticos alegres respecto de la posibilidad de recuperar a hombres claves del equipo y de ajustar piezas que le permitan mostrar el mejor nivel que alcanzó en la primera parte del año. El hincha buena onda que muchas veces me toma por asalto comprende perfectamente que nuestros muchachos todavía no se sacuden de la decepcionante etapa final del Apertura, entiende que nadie está obligado a jugar a buen nivel los 90 minutos del partido, cree que en la medida que sigan los triunfos volverá también la confianza, el buen juego, los goles y el espectáculo, e incluso confía en que, frente a rivales de mayor jerarquía, el equipo sabrá ponerse a la altura y rendir a niveles más altos.
Sin embargo, ni el cínico ni el buena onda que me gobiernan de vez en cuando borran el juicio del hincha común y corriente que anoche a Santa Laura vio la pichanga de barrio que nos depararon "rojos" y "aseguradores". Por suerte las mechadas estaban 'al dente', porque junto con el gol hispano fueron lo mejor de la noche. El resto, más que para la ilusión da para la preocupación. Jugando así cualquier equipo argentino simplemente nos va a volar la raja allá y acá. Mi hincha común y corriente sufre (aunque en grado moderado) del síndrome Toño Prieto y ve con horror que lo poco que el equipo está mostrando le alcanza para "salvar" en lo local (no para ganar campeonatos), pero le depara un seguro papelón en la próxima etapa de la Sudamericana.
Lo de Ramírez ya es exasperante. Mi hincha cínico ha insistido en contar sus buenos pases gol (como el de anoche, brillante) y mi hincha buena onda me dice que anda bajo, pero que hay que esperarlo. Pero para el tipo normal que va semana a semana a ver al equipo ya no alcanza con eso. Y no alcanza, porque se supone que Ramírez es el hombre que debe tomar las riendas del equipo (no digo echarse al hombro al equipo, sino darle conducción) y eso no se ve por ninguna parte. Y el drama es que hoy ni siquiera mostramos un buen juego "para el lado", porque no damos más de tres toques bien y andamos apostando al pelotazo, a la rifa de pelotas contra campo rival, al ollazo al área en busca de Canales. Hemos vuelto a ser un equipo sin sorpresa ni instinto asesino que fuimos a comienzos de año, y eso es preocupante.
¡Cómo se echan de menos Leal y Estévez! Nos falta el émbolo que se comía toda la cancha, de área a área, durante el Apertura, el tipo que ayudaba en el armado y en el quite; nos falta el puntero capaz de tomar la pelota y encarar, de abrir defensas, de generar espacios y de poner centros gol. ¿Alguien pasó lista anoche para saber si Rubio asistió o no? Ojalá Neira se recupere rápido, porque ya demostró anoche, en unos pocos minutos, que juega y aporta mucho más. Y a Nájera hay que verlo más, pero claramente es mucho más "central" que todos los que hemos probado junto a Miranda.
Raya para la suma (¿alguien del siglo XXI entiende esta metáfora?): si no mejoramos urgente, la vergüenza que nos espera en Liniers o La Boca (da lo mismo el escenario y el rival) será histórica.

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