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domingo, 17 de agosto de 2008

Los pollos de Santa Laura

Por EDGARDO MARÍN

Los de Santa Laura testimonian con su primera estrella la inquietud por un aspecto que acompaña al fútbol desde su origen, pero que normalmente es más discursivo que práctico: el trabajo con las divisiones menores. Si resulta sorprendente el título rojo de 1943 es porque lo logra con gente formada en su propia casa.

Esto, por lo demás, es característico de la Unión desde la apertura del profesionalismo. Simbólico es precisamente en 1933, cuando queda a cargo de las divisiones inferiores el dirigente Andrés García. Un hombre bueno, preocupado de los jóvenes, tesonero en una labor que no siempre es bien comprendida. Menos en los comienzos del fútbol profesional, cuando los clubes apresuradamente miran a los planteles de los rivales o hacia las provincias para formar cuadros competitivos. La competencia no deja mucho tiempo para pensar en la formación de jugadores.

La Unión es la excepción y Andrés García dice con orgullo desde su "incubadora" de Santa Laura: "La Unión Española es un equipo chileno, no de ciento por ciento, sino de mil por ciento". Por cierto, el trabajo formativo sólo es posible gracias al entusiasmo de Andrés García. Señalan los comentarios que ningún otro habría soportado tanto tiempo "a cargo de los chiquillos del club, cuidándolos, aconsejándolos todos los días, como un padre: levantándose temprano los domingos para estar a las ocho de la mañana en la cancha con sus cabros; llevándoles el uniforme, los zapatos; hablándoles de sus condiciones, estimulándolos a seguir y hasta dándoles sus monedas, cuando hay necesidad, para el carro o para el desayuno".

Si este trabajo requiere de gran dedicación es imaginable el desánimo que pudo producir la disolución del equipo en 1939 y la partida de trece de sus jugadores, todos titulares de primera división, a otros clubes. Increíblemente, la Unión no ceja en su intento, y en 1940 sale a la cancha con un cuadro demasiado tierno, inexperto, a encarar los desafíos de un nuevo campeonato. Y allí, en el rigor del torneo por los puntos, comienza su duro fogueo. En 1940 los juveniles terminan en el último lugar. Pero el 41 son quintos, colocándose "delante de otros teams que habían costado miles de pesos".

En 1943 "los pollos de García" tienen la alternativa. Al comenzar el campeonato son dirigidos por Manuel Casals (en la banca desde 1940), un coruñés culto y de charla cautivante que estudió Leyes para satisfacer a sus padres y se fue al Real Madrid con su título de abogado bajo el brazo. Más tarde llega a la banca Atanasio Pardo, que fuera defensor de la Unión en los años 20 junto a su hermano José. La experiencia la ponen dos jugadores de sabia veterana: Segundo Flores (el "Camión"), tres veces campeón con Magallanes y una con Colo Colo, ya retirado del fútbol y al que Unión tienta con el regreso, y Luis Ponce, el legendario "Cacho", presente en los cuatro campeonatos obtenidos por Magallanes.

Hernán Fernández, el "Nano", hace en el arco un año espectacular, acompañado por un zaguero tesonero con el que viene jugando desde las infantiles: Pantaleón Calvo. Ambos, y el eficiente Francisco Urroz, conforman la base defensiva y no faltan a ningún partido. Hay aplausos para todos. Para Benito Armingol en la punta derecha del ataque. Para Mario Campaña, pujante organizador; para Luis Machuca, un goleador que alcanza el título de mayor artillero del campeonato. Para Atilio Cremaschi, el cinchador puntarenense que jamás se agota.

También Green Cross y Católica presentan alineaciones muy juveniles y se los destaca como "equipos livianos, más veloces". Hay, entonces, una tendencia al trabajo con los menores y el público y la crítica lo aplauden.

Las simpatías generales están con los niños de Santa Laura y se escribe: "Sus últimos partidos ya no revelan a ese elenco voluntarioso que se nos presentó hasta el comienzo de la segunda rueda. Faltan dos partidos y es necesario que los cabros rojos demuestren que no ha sido casualidad su meritoria lucha por el primer puesto".

Lo demuestran ganando a Magallanes y Green Cross. Le arrebatan el cetro a Colo Colo, que pierde con Santiago Morning en la última fecha. Ha sido, dice la prensa, “el triunfo de la camaradería y el sacrificio; el triunfo de la paciencia y el buen criterio; el triunfo de la devoción y el cariño de una familia que se ha cobijado bajo el manto de los colores queridos; es el triunfo de la cancha propia".


Extraído de "Historia total del fútbol chileno".

martes, 12 de agosto de 2008

La épica historia de la primera estrella

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Unión Española Campeón 1943: De pie: Pantaleón Calvo, Atanasio Pardo, Segundo Flores, Hernán Fernández, Francisco Urroz, Mario Carmona y Mario Garrido. Abajo: Luis Cáceres, Atilio Cremaschi, Luis Machuca, Mario Campaña y Benito Armingol.


El fútbol chileno había pasado abruptamente al profesionalismo en 1933. Los años que le siguieron fueron de consolidación, de crecimiento, de organización. Fueron el comienzo de la historia con mayúsculas.

Aunque el balompié había nacido y crecido en Valparaíso, los primeros años del fútbol rentado se desarrollaron exclusivamente en Santiago, con equipos de la capital. Recién en 1937 se sumó a las competencias Santiago Wanderers, el más antiguo de los equipos nacionales, abriendo la puerta para que el fútbol de provincia se integrara a la nueva Asociación. En ese mismo año, la agrupación decide crear la Serie B, a la que se suman de inmediato los incipientes cuadros de Universidad de Chile y Universidad Católica. Los del chuncho ganan invictos la serie en esa temporada y la "U" es aceptada en la división de honor en 1938. Al año siguiente sube el equipo cruzado.

En 1938, además, por problemas principalmente con el Servicio de Impuestos Internos, la nueva organización del fútbol rentado pasa a llamarse Asociación de Football Central y entre sus novedades se cuenta la creación de las divisiones de cadetes, un Cuerpo Médico –a cargo de los doctores Emilio Deik y Félix Cantín (ex jugador y en ese momento dirigente de la Unión Española)– y el Tribunal de Penalidades.

El fútbol profesional se fortalece institucionalmente y se hace más competitivo en las canchas. El espectáculo crece. Los equipos fuertes de los primeros 10 años del profesionalismo son indiscutiblemente Magallanes (que se convierte en inmediato tricampeón, con los títulos de 1933 a 1935 y el de 1938), Colo Colo (campeón en 1937, 1939 y 1941), Audax Italiano (campeón en 1936 y subcampeón en 1934, 1935, 1938 y 1940). A ellos se suman, hacia el final de los años 30, Santiago Morning (nacido en 1936 de la fusión entre Santiago FC y Morning Star) y Universidad de Chile (campeón en 1940).

Unión Española es parte de la competencia desde 1933, pero no ha logrado alcanzar el máximo cetro nacional. Es una de las instituciones fuertes de Santiago, pero su primera estrella le ha sido esquiva. Y para colmo de complicaciones, la Guerra Civil española golpea fuerte también en Santiago y la entidad hispana –marcada indeleblemente por las divisiones nacidas en Europa– decide el receso de su equipo de Primera División en 1939, aunque no termina en la disolución absoluta.

El lapso fuera de las competencias es de apenas un año, pero la decisión ha echado por la borda años de trabajo en las canteras de Santa Laura. Dejan la tienda hispana jóvenes valores que habían nacido en los pastos del fortín de Plaza Chacabuco. Unión Española y sus hinchas ven cómo sus figuras emigran para brillar con otros colores. Alfonso Domínguez se va a Colo Colo y marca 32 goles; mientras a la Universidad Católica parten Sergio Livingstone, Fernando Riera y Luis Vidal; en Audax Italiano recala Héctor Trejos; y en la Universidad de Chile desembarcan Francisco Las Heras, Voltaire Carvajal, Valentín Erazo, Jaime Riera y Víctor Alonso. Todos, sin duda, valores de primer nivel.

Para volver a la lucha en 1940 el equipo sólo cuenta con los muchachos que vienen de sus divisiones inferiores. Y de las cenizas renacería el fénix, porque, a pesar de los problemas, las canteras rojas habían seguido produciendo buenos jugadores, en una tarea titánica encabezada por Andrés García y el doctor Félix Cantín.

Por supuesto, el experimento en 1940 fue un desastre. Unión termina en el último lugar, lo que más allá del bochorno no tiene mayores consecuencia, ya que el sistema de ascenso y descenso recién se instaurará en la década de los '50.

Pero los dirigentes no claudican. Porfía hispana, explican algunos, pero la fe en el trabajo realizado con los chicos en Santa Laura parece ser la clave de todo. Los resultados mejoran en las siguientes temporadas, y en 1943, por fin, justo cuando el fútbol profesional ha cumplido su primera década en Chile, la Unión Española levanta su primera copa de campeón y borda la primera estrella en sus estandartes.

Los niños de Santa Laura han crecido y recompensan el esmero de García y Cantín con el más grande de los triunfos que hasta ese momento ha cosechado la tienda roja. Tal vez el hecho más sintomático de que la lucha de tantos años ha dado sus frutos es que Félix Cantín es el presidente de la Unión Española ese año de 1943.

En el transcurso del campeonato de 1943, los jugadores y el técnico de la Unión Española se fueron ganando el respeto y la admiración del público y la crítica. Atanasio Pardo, el más longevo de los entrenadores del torneo obtuvo el trofeo de campeón con el más joven de los equipos, pero se transformó en figura sólo después de levantar la copa.

En la cancha, en tanto, nacieron ídolos que robaron el título de las manos de Colo Colo en la última fecha, ídolos que marcaron a toda una generación de hinchas hispanos y que nutrieron también a la selección chilena de fútbol. Las estrellas indiscutibles del equipo fueron Hernán, el "Nano", Fernández en el arco (luego también en los tres palos de la Selección), Pantaleón Calvo y Francisco Urroz en la defensa, Atilio Cremaschi en el mediocampo, y Luis Machuca, goleador del torneo con 17 tantos, en la delantera. Fernández y Cremaschi serían también íconos del equipo que ocho años después levantaría nuevamente la copa para Unión Española, del cuadro que conseguiría la segunda estrella en 1951.
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