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domingo, 17 de mayo de 2009

Y sin embargo fue una fiesta

A pesar de la derrota, del boquerrón en la defensa durante el primer tiempo y de los muchos goles que debieron ser y no fueron, a pesar del frío, la del sábado fue una tarde de fiesta en Santa Laura. Un tarde para mirar con tranquilidad (de cara al futuro) el regreso de Manuel Neira y de David Ramírez.
Fue una jornada que se inició recibiendo una copa, entregada por la embajada argentina, por el hecho de haber terminado como los mejores de la etapa regular del Apertura y que terminó con la ultraconfirmación de que Braulio Leal estaba citado a la selección chilena que viaja a Japón a disputar la Copa Kirin. Por fin, después de tanto tiempo, un rojo en la Selección.
La sensación más rara, en todo caso, era la del relajo. La de saber que esta era la última fecha del torneo regular, pero que los play offs no comienzan de inmediato, sino que hay casi un mes de "para" antes de retomar la lucha por el título. Ni siquiera saber que se nos viene O'Higgins como primer rival hace que se le suba a uno la adrenalina, porque todo parece tan lejano que da la idea de que ese partido no va a llegar nunca.
Lo único que lamento es no poder haber ido al asado de este domingo. Para otra vez será. Para la celebración del título, espero.

domingo, 10 de mayo de 2009

Sólo falta el título de campeón

Yo tengo que partir diciendo que estos campeonatos cortos no me gustan y no me van a gustar nunca. Me carga que el equipo más regular y que suma más puntos no sea el campeón. Por eso me parece importante celebrar (por ahora) la justicia deportiva de que Unión Española, el mejor de esta primera mitad del año, sea el representante número 1 de Chile en la Copa Sudamericana. Por eso me parece que la fiesta de los jugadores y de la hinchada en Curicó es completamente ajustada con la idea de que los premios tienen que ser para los mejores.
Unión lo demostró en la Séptima Región con un triunfo más que merecido (por 3 a 1) frente a Curicó Unido. Ha sido el mejor del primer semestre. Ha jugado todo el año de la misma manera, con la misma filosofía, con el afán de ir al frente, limpiamente, en busca del triunfo, con la convicción de que para ganar los partidos hay que mostrar que se quiere ganar y buscar los goles para conseguirlo. Unión ha cambiado nombres en varias ocasiones y por variadas circunstancias, pero nunca ha cambiado su fisonomía de juego, su apuesta por un modelo ofensivo, su apuesta por el buen trato del balón, por el buen fútbol; y ha cosechado muy bien.
En La Granja, como en otras ocasiones, el partido comenzó con muchas complicaciones para los rojos. La cancha, creo, hizo ver mucho más mal de lo que se esperaba a una Unión que sabía que debía ganar para asegurar sus pasajes a la Sudamericana. Curicó, por su lado, tenía que ganar para seguir soñando con los play offs y entró con todo. Dijo su técnico que iban a "clonar" el esquema de Unión y vivimos en carne propia lo que deben sentir nuestros rivales. Al menos por 20 minutos nos vimos bien complicados, con un equipo local que nos atacaba por las bandas (algo así como el partido contra la UC) y que nos hacía daño y con una cancha que no dejaba jugar con elegancia. Pero después de hacer el gol a Curicó se le acabó el fuelle y las riendas del juego las tomó Unión Española y no las soltó más, aunque es cierto que los locales hicieron méritos para marcar. Y ahí aparecieron las figuras rojas.
Leal, creo yo, fue una figuraza en la cancha: sacó un gol, hizo otro, manejó la pelota, apoyó en defensa y atacó como el mejor de nuestros delanteros.
Limenza casi se manda la chambonada del año en el primer tiempo, pero se impuso a su propio yerro y se transformó en héroe atajando un penal, tapando un tiro arrastrado o manteniendo un pacto con los palos que inició Marín a comienzos de año y que ha seguido inalterable cuando el paraguayo tomó la titularidad.
Estévez, que es capaz de desestabilizar a cualquier defensa y que se mueve por todo el campo sacando de quicio a cualquiera que lo quiera marcar.
Aravena, que volvió a aparecer cuando Unión más lo necesitaba, para comenzar a resolver el pleito.
Y Canales, que había servido a Aravena para el segundo, se paró en el punto penal y que puso la lápida a un partido que terminó siendo la fiesta que todos esperábamos.

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Una última cosa, porque me parece un ejemplo claro de lo iluminada que ha estado Unión Española en esta etapa del año. Y es el caso de las tarjetas amarillas. Terminamos justamente con las tarjetas que necesitábamos para llegar a los play offs con la cartilla limpia. Algunas llegaron solitas, otras las buscamos con descaro, pero a fin de cuentas, se consiguió incluso ese extraño objetivo, lo que nos hace mirar con más tranquilidad la fase final del torneo, y lo que nos depara también una presentación final en esta primera etapa con un equipo en el que debieran tomar un puesto de titulares algunos de los que han sustentado la campaña hispana desde el banco de suplentes.
Bueno. Celebraremos en Santa Laura el próximo fin de semana. Y daremos una vuelta por América en el segundo semestre. ¿Qué tal? Sólo nos falta el título de campeón.

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miércoles, 6 de mayo de 2009

Més que un club


En los últimos días se me han venido cruzando el FC Barcelona y la Unión Española. Resistí por un momento largo las ganas de escribir algo, pero las declaraciones de nuestro DT me han empujado definitivamente.
Dijo don Luis Hernán que le gustaría que Unión Española jugara como el Barça. ¿Y a quién no? Es un lindo sueño, casi una utopía, pero dicen los “entendidos” que son justamente esas grandes aspiraciones las que terminan con grandes logros. Yo, por cierto, me sumo gustoso a la quimera, aunque permítanme el atrevimiento de creer que la Unión Española de Chile tiene mucho del FC Barcelona. Y no hablo del juego, de la plantilla, del arrastre popular o de la infraestructura. Digo que creo y quiero creer que nuestra Unión, así como los blaugrana, es “més que un club”.
Muchos seguramente me dirán que no hay equipo que no sea algo más que un club de fútbol y que basta con ver a los hinchas de todos los colores (sobre todo los barrabravas) para intuir que en el estadio se juega, domingo a domingo, algo más que un mero partido de fútbol. Para muchos el deporte de los pies es una oportunidad de tomarse una revancha con la vida, una excusa para cambiar las penas por alegrías, un pretexto para el encuentro de grupos irreconciliables, etc, etc, etc. Todo eso es cierto y bastaría para asegurar que todos los equipos del mundo son más que un club. Sin embargo, creo que son pocos los clubes en el planeta los que asumen realmente la convicción de ser más que un club, los que –aun sin declararlo explícitamente– transforman ese eslogan en un verdadero leit motiv, en una profesión de fe. El Barça es uno de esos y la Unión Española de Chile es otro. Al menos eso creo yo.
Leía las declaraciones de jugadores, técnico y dirigentes blaugranas tras el partido ante el Madrid y no dejaba de llamarme la atención la dimensión que daban a su victoria arrolladora. El gran Xavi hablaba de la “justicia deportiva” del triunfo, mientras el presidente lo calificaba como “un triunfo estético” de un equipo que se mostró “fiel a su filosofía”. Y cerraba sus declaraciones el mismo Laporta con otra frase notable: “nosotros hemos sabido ganar y ellos perder”.
Creo que son esas las dimensiones en las que el gran cuadro catalán y nuestra lejana Unión Española se emparentan. O por lo menos, creo que esas son las más importantes razones por las que ambos equipos se me han metido en la piel, en el corazón.
Hay una impronta en ambos clubes que los sitúa más allá de la simple institución deportiva. Hay una filosofía que, aunque no esté escrita, se vive y se transmite día a día. El Barça lleva consigo, nadie sabe bien cómo y por qué, el alma de Catalunya. Hay en el equipo culé, esa elegancia tan catalana que el viejo Ortega y Gasset ha sabido explicar como el arte de “elegir hacer lo que hay que hacer”. Es esa elegancia la que sustenta la idea de Laporta de que hay una filosofía que no se debe traicionar, aunque el fútbol (tan impredecible como la vida) premie sólo algunas pocas veces con la justicia de un triunfo como el que regocija a Xavi. Hay en el Barça –y creo que también en nuestra Unión Española– esa convicción de que, la mayoría de las veces, los partidos mal ganados reconfortan menos que los bien perdidos, ese convencimiento de que hay que ser dignos incluso de las derrotas, y esa certeza de que no hay atajos ni dobleces en el camino hacia el triunfo.
Yo al menos veo y busco cosas parecidas en Unión. La Unión mantiene el alma hispana, tiene el fuego, la pasión y la sensibilidad de una raza transplantada a América y a Chile. Se nota, se siente, se quiere. Pero Unión es también –y sobre todo en estos últimos tiempos– de esos clubes que defienden convicciones, que respetan su filosofía hasta que duela y que enfrentan la vida y el fútbol con la elegancia debida de las buenas personas. Es, creo yo, de esos clubes que saben que la justicia deportiva se sienta pocas veces a tu mesa, pero que no están dispuestos a vender el alma para conseguirlo.
Quizás por eso es uno de los clubes más queridos de Chile. Quizás por eso es que lo llevo en la sangre. Quizás por eso tengo el deseo de que este semestre levantemos la copa de campeón con la propiedad indiscutida que no disfrutamos (al menos yo) en 2005. Quizás por eso, si no somos campeones, sabremos abrazarnos al orgullo de haberlo, al menos, merecido. Quizás por eso recordamos con indisimulada satisfacción la estrella conseguida con los “pollos de Santa Laura” en 1941, a puro ñeque, con los de casa, con los que llevaban los colores en las venas. Quizás por eso hemos sabido renacer no pocas veces de las cenizas. Quizás por eso, aunque parezca ridículo, nos merecemos haber encontrado a Luis Hernán Carvallo.
Yo no sé cuántos más piensan lo mismo que yo. Tampoco sé cuántos prefieren ganar a toda costa, a como dé lugar. No desconozco tampoco que ha habido momentos y personas grises en Unión, como en la vida. Pero creo firmemente que, al final del día, al momento de arreglar cuentas con la vida, Unión tiene y ha tenido un saldo muy a favor que le permite caminar con la certeza de parecer y, sobre todo, de ser mucho “més que un club”.

lunes, 4 de mayo de 2009

Todo se ve más lindo desde arriba

Historia conocida, episodios repetidos, sensaciones ya vividas. Así fue el partido con la Universidad de Concepción, un equipo que siempre ha sido un dolor de cabeza para Unión Española.
Historia conocida: Unión Española juega un partido deslucido, con pocas ideas, en el primer tiempo. Y en el segundo lapso aparece la furia para dar vuelta el marcador y terminar ganando.
Sensaciones ya vividas: Unión parece estudiar a sus rivales en el primer tiempo para matar en el segundo.
Episodio repetido: en un primer tiempo opaco, los rojos se dejan sorprender y un delantero de la U penquista gana las espaldas de los centrales y nos clava un golazo.
Sensaciones ya vividas: más allá del gol en contra, la hinchada mantiene una tranquilidad digna de aplauso.
Episodio repetido: cuando los rojos machacan y machacan por las puntas y nada resulta, aparece el "Duende Mágico" Aravena para encarar por el centro y marcar el primero de Unión y abrir el camino al triunfo.
Sensaciones ya vividas: estamos listos, puesto el empate, el gol del triunfo es inminente.
Episodio repetido: se arranca Estévez por la banda, centro del "Pipa" y cabezazo y gol de Gustavo Canales.
Sensaciones ya vividas: cada vez más cerca de la Copa Sudamericana.
Historia repetida: no importa que hayan ganado todos los demás equipos que nos siguen en la tabla, porque Unión cumple su tarea, despacha a la U. de Concepción y se mantiene firme en la punta del torneo.

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Ah. Sensaciones ya vividas. Santa Laura es la catedral del fútbol chileno.
Fui al estadio con mi compadre Fernando, fanático de Colo Colo, a ver a la Unión Española, al puntero, y a comer mechadas. Y fuimos con su hijo de 8 años, proyecto de hincha albo, el que disfrutó y gritó los goles rojos como el mejor de los forofos hispanos y se devolvió a su casa con una bandera del águila y alucinando con lo lindo que se ve el fútbol en el fortín. Así es Unión Española. ¿Cómo no la voy a querer!


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