Los partidos con la UC son de esos especiales, ya que desde hace varios años hemos instituido con mi hermano -cruzado pero con pasado hispano- la asistencia conjunta al estadio para los duelos que nos enfrentan en la cancha. Así, pase lo que pasé, entiendan que para mí estas instancias son como revivir las pichangas infantiles, los años de peloteos interminables en la calle o donde fuera.
Así las cosas, el partido, para mí, comenzó con un abrazo fraterno de fair play escenificado en la tribuna andes de San Carlos de Apoquindo, gradas mayoritariamente locales (obvio), pero salpicadas no por pocas camisetas rojas o hinchas sin colores distintivos aunque claramente hispanos a la hora de gritar el gol o de alegar contra el festival de patadas y faltas con que los zagueros de la UC timbraron al "Pipa" Estévez. Ya había sido un largo viaje para llegar al estadio, así que no pasó demasiado tiempo entre que lográramos encontrar un lugar y el comienzo del partido. Y... ¡uf, qué partido!
Yo sabía, creo que lo dije varias veces, que este iba a ser un choque duro, pero no me dejó de sorprenderme la mala leche con que Ormeño le entró e Estévez justo frente a nuestras narices en el segundo tiempo. El resto, lo entiendo como parte del juego, pero lo del mediocampista cruzado todavía me da vueltas, y más aun porque el árbitro le perdonó la vida de manera descarada (parece que las constantes críticas de Figueroa contra los árbitros ya comienzas a rendir frutos).
Pero, bueno, decía que el partido fue duro. Y por Dios que lo fue, porque Católica (la del Fantasma) es como un toro furioso que se viene con todo en tu contra y hay que saber hacerle frente, salir indemne y, además, ir a hacerle daño en su casa. Y Unión, con todas las complicaciones que vivió ayer, supo hacer eso.
Si hay algo que me ha ido pasando en este campeonato es aprender a tener confianza en el equipo, a estar seguro de que más allá de lo que se nos venga encima, los rojos se van a mantener firmes y con la bandera al tope, sabiendo superar -en la mayoría de los casos- la adversidad para salir adelante con un triunfo o al menos con algún punto en el bolsillo. El año pasado, por el contrario, la convicción era la contraria, era la de saber que al primer, el segundo o el tercer espolonazo nuestra frágil embarcación comenzaría a crujir y a desvencijarse sin remedio hasta hundirse sin pena ni gloria (hasta que llegó Carvallo a salvarnos del naufragio).
Así que, a pesar de la vehemencia cruzada de los primeros minutos, yo seguía ahí tranquilo, echando la talla con mi hermano, a la espera de que Unión clavara una primera estaca en la puerta de Toselli. Y así fue. Pase magistral de Leal que dejó solo al Pipa, y éste que se cuela en diagonal hasta el área para regalarle un gol a Canales. Lo grité sin empacho en la tribuna de San Carlos, pero el resto del primer tiempo fueron sólo sufrimientos.
Lo han dicho los que saben, pero hay que repetirlo: el juego por las bandas de la UC nos tuvo muy mal, y la presión en la salida nos maniató por varios pasajes del partido, abriendo posibilidades para que los locales machacaran y machacaran en nuestra área hasta que llegó el empate al filo del pitazo final del primer tiempo.
Exijo una sesión de espiritismo con Sir Isaac Newton, porque estoy seguro de que esa pelota que rebotó en la espalda de Limenza y no entró en el arco rojo rompió muchas leyes de la física convencional. Yo estaba en la línea de esa área y vi que la polota se metía, pero terminó saliendo por un costado dando botecitos. ¡La suerte del campeón!, le dije a mi hermano, y ojalá que ésta nos siga acompañando el resto del torneo.
En el segundo tiempo los libretos siguieron más o menos igual. Con la UC volcada en ofensiva y con Unión resistiendo a pie firme, aunque esta vez con mejores opciones para ir a hacer daño al arco cruzado (incluso a pesar de que la UC puso una línea de cuatro atrás). Marcaron muy bien los cruzados también, ojo. Defendían siempre con seis o siete muy bien plantados en el fondo y tomaban posiciones muy rápidamente cuando perdían la pelota. Y quizás ahí estuvo uno de los grandes problemas de Unión: la poca explosión para salir en el contragolpe.
A fin de cuentas, estamos un punto más cerca de la Sudamericana, seguimos manteniendo a raya a nuestros perseguidores y mantenemos esa solidez que nos permite seguir sumando incluso en aquellas tardes más opacas o cuando los rivales nos complican más allá de lo esperado.
------
VER GOLES EN 3 TV:
Unión hizo su negocio ante la UC en San Carlos



